Conectar conmigo para conectar con el mundo

Sí…Ya lo sé… Seguramente te da pereza leer las próximas líneas que vienen a continuación. Probablemente sea más sencillo ahora ver algunos vídeos en tu móvil, que te hagan reír y te hagan olvidar las prisas y las preocupaciones, que leer este post en el que seguramente es  uno de los pocos momentos que tienes de calma en el día. Y precisamente en esta sensación de saturación que tienes, de que ya no te cabe más, está la señal o el indicio de la vida que llevas.

No te preocupes, intentaré transmitirte en pocos párrafos la idea de lo necesario que es para ti estar un poco más conectado o conectada a ti misma para poder orientarte mejor en la jungla de las obligaciones, las urgencias, los deseos y necesidades de los demás…

Hace ya muchos años que sabemos que la práctica de la relajación, la meditación, el “mindfulness”, el yoga y todo tipo de prácticas que requieren de la toma de conciencia de uno y una misma, son saludables para nuestro organismo y concretamente nuestro sistema nervioso. Sabemos que, entre otros cambios que se dan en nuestro organismo, cuando practicamos este tipo de técnicas aumentan nuestros niveles de serotonina -el neurotransmisor encargado del bienestar, y que junto a la dopamina es responsable de la emoción de la curiosidad en el ser humano-, y de la acetilcolina, otro neurotransmisor que nos ayuda a estar en calma, a contemplar, admirar y a imitar aquello que admiramos.

La presencia de este tipo de neurotransmisores en nuestro cerebro son esenciales igualmente para el aprendizaje. En nuestro colegio, siempre iniciamos nuestras clases con la práctica de técnicas de respiración, visualizaciones, masaje, técnicas corporales y basadas en movimiento, e incluso técnicas vocales y la práctica, en algunos momentos, de ejercicios de yoga sencillos. Estás técnicas predisponen al alumno o la alumna al aprendizaje, ayudan a la focalización de la atención y a estar en calma.

Es imposible aprender cuando estamos nerviosos, alterados o preocupados porque nuestras emociones influyen en nuestro aprendizaje. Nuestras emociones son la brújula de nuestro comportamiento. Si no tomamos conciencia acerca de lo que nos pasa, cómo nos encontramos, qué nos alegra o satisface, nos convertimos en personas desorientadas y perdidas, sin objetivos ni metas en la vida. Por eso, aprender a conectar con nosotros mismos, a ser honestos y compasivos con lo que somos, haciendo uso de las técnicas de las que hemos hablado es, además de eficaz para el aprendizaje académico, un aprendizaje de vida; una herramienta que nos ayudará también a estar en lo que toca vivir. Despejar un espacio diariamente en nuestro interior simplemente para sentirnos, simplemente para respirar, es una competencia que la escuela tiene que enseñar como una forma de educar en la salud.

Conectar con nosotros, con nosotras, ser conscientes de nuestras fortalezas y nuestros fallos y aceptarlos, es la manera de estar más conectados al mundo, de estar más atentas  a lo que nos rodea, de ser más compasivas y tolerantes, de estar más abiertos. ¿Acaso no necesitamos más de esto en nuestra sociedad?

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